A las afueras de la población de Qena se encuentra uno de los templos egipcios mejor conservados de todo el país, si bien no se trata de un templo de la época de los grandes faraones, ya que es una construcción de tiempos ya grecorromanos. Sin embargo, el interés de esta obra es enorme por su casi perfecto estado de conservación.
Foto: Flickr.com
EL recinto está dedicado a la diosa Hathor, una deidad muy sugerente, al ser la diosa del amor y del placer, de hecho se la identifica con la diosa griega Afrodita. En este lugar ya hubo un templo dedicado a Hathor durante las dinastias del Imperio Antiguo, en el tercer milenio antes de Cristo, sin embargo lo que hoy vemos se construyó entre el año 125 antes de Cristo y el 60 ya de nuestra Era.
La visita al conjunto se inica en la sala hipóstila con 24 columnas en los que se ve una cara con orejas de vaca, la representación más habitual de Hathor. Desde aquí se llega a la sala de las Apariciones, mucho más pequeña que la anterior, pero más sacra, ya que aquí aparecía la imagen de la diosa, los días de celebraciones y ceremonias.
La siguiente sala es la de las Ofrendas, y tras ella el santuario más sagrado, donde antes sólo entraba el faraón y los sumos sacerdotes. Aquí habría una estatua de la diosa que se ha perdido.
No acaba aquí la visita al templo, ya que se puede subir al tejado desde la sala de las Ofrendas por medio de unas escaleras donde nos encontramos relieves tallados con escenas religiosas y de ceremoniales de la época, aunque lo mejor de subir al tejado es contemplar las vistas del entorno.
Como curiosidad decir que en este templo había una capilla con un bello techo, que hoy en día se conserva en el museo del Louvre, adonde se llevó tras una expedición de las tropas de Napoleón.

