Apodado como la pequeña Suiza, la ciudad de Ifrane, en Marruecos, es un poblado de montaña que funciona como un centro turístico, y tiene además un inocultable estilo arquitectónico de influencia europea: chalets, montañas con vegetación boscosa y un lago, todo cubierto de nieve en los meses de invierno.

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Situado en la zona de las Montañas Atlas, al norte de Marruecos, más precisamente en la zona media del cordón montañoso, Ifrane tiene apenas unos 12.000 habitantes, siendo un encantador pueblo de montaña a unos 1600 metros de altitud.
La zona, desarrollada por los franceses durante la época colonial, es un reducto de estilo alpino en pleno Marruecos. Debido a la altitud, Ifrane tiene un clima de templado a frío en el verano, y en invierno, las calles y casas se cubren de nieve, un paisaje impensado dentro del estereotipo paisajístico de Marruecos.

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Ifrane registra de hecho, las temperaturas más bajas de África, en invierno, frecuentemente bajo cero grados. El paisaje de montaña, las casas, y la arquitectura del lugar, nos transportan a algunos de los pueblos alpinos tan propios de Suiza.
Ifrane es una ciudad moderna, el presente de una antigua ciudad colonial pensada para brindar a funcionarios europeos un lugar refrescante y de un estilo cuidado y llamativo. El poblado cuenta con numerosas casas tipo chalet entre jardines y calles arboladas.

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Luego de la independencia de Marruecos, la mayoría de las casas fueron paulatinamente compradas por residentes marroquíes, y fue intervenida para adaptarla a la cultura del País, construyendo una mezquita, mercado y edificios públicos, sobre todo en 1979, cuando Ifrane se transformó en la sede administrativa de la provincia homónima. Desde hace diez años, la ciudad fue relanzada al turismo interno, y vive actualmente una transformación urbanística de la mano del desarrollo inmobiliario.
Para llegar, la carretera P-24 nos lleva directo a Ifrane. A pocos kilómetros, podremos esquiar en una pequeña estación llamada Mischliffen, a unos 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. En pocos kilómetros, podremos hacer todo lo que nunca habríamos imaginado en Marruecos, al menos para aquellos que asociamos su paisaje con increíbles oasis y zonas áridas. Ifrane es la prueba de lo mucho que podemos equivocarnos.



