Desde el inicio de los tiempos, los asentamientos humanos han sido tan solo meros lugares de paso para los humanos. En algunos casos, estos espacios donde nuestros antepasados decidieron establecerse, se convirtieron en el hogar estable de muchos de ellos por decenas de años, sin embargo para otros el tiempo se alargó estableciéndose para sus próximas generaciones durante cientos y tal vez para algunos miles de años.

Kolmanskop por only_point_five
Lo cierto es que de una u otra manera, las inclemencias de la naturaleza, la falta de recursos o diversos factores han llevado a estas poblaciones a dejar el territorio que ocuparon durante mucho tiempo y elegir un nuevo terreno donde vivir. Fue precisamente esto lo que ocurrió con una pequeña población en el país africano de Namibia, llamado Kolmanskop o también Kolmannskuppe.
La historia nos cuenta que la ciudad comenzó a construirse a raíz del hallazgo de diamantes en la zona, lo que como era de esperarse produjo una fuerte migración hacia este lugar por parte de empresarios europeos, principalmente ciudadanos alemanes, quienes no tardaron mucho tiempo en levantar numerosas edificaciones que les permitan vivir cómodamente. Te imaginarás que esta mina trajo consigo mucha prosperidad a los empresarios y esto motivó a que la ciudad creciera aún mas, llegando a construirse salones, bares, fábrica de hielo, casinos, un teatro y hasta un hospital, entre otros edificios.

Kolmanskop por only_point_five
En ese entonces, era común ver a las esposas de los empresarios paseándose por los ambientes de ésta, hoy por hoy, ciudad fantasma. ¿Ciudad fantasma? Sí, en el año 1956, Kolmanskop fue completamente abandonada. ¿Por qué? A causa de la escasez de los diamantes.

Kolmanskop ghost town por coda
Es preciso informarte que a finales de la Primera Guerra Mundial, la ciudad ya entraba en una pequeña decadencia lo que originó que las operaciones se mudaran a la ciudad de Oranjemund, donde existía gran cantidad de estas piedras preciosas. Pasaron los años y el desierto se encargó, poco a poco, grano a grano, de ir sepultando lentamente la antes prospera ciudad de empresarios alemanes. El interior de las viviendas y demás edificios se han visto devoradas en gran parte por la arena. A pesar de todo esto, las autoridades locales han sabido sacarle el provecho a la situación y han convertido el pueblo fantasma en un atractivo turístico. Es obligatorio contar con los permisos necesarios para la visita a la ciudad y los turistas deben contar con su propio medio de transporte para llegar hasta allí.
