Y si lo que se quiere es programar un viaje que no sólo ofrezca bellísimos paisajes, sino también algo de misticismo, historia y antigüedad, nada mejor que Egipto, un país que a través de sus monumentales pirámides desafía aún hoy a la razón humana.
En el Egipto de ayer, las pirámides cumplían tres funciones: una política, al generar un espíritu identitario entre los pobladores a ambas márgenes del Río Nilo, otra religiosa, ya que eran como “santuarios a cielo abierto”, centros ceremoniales y de peregrinación, y una social, puesto que favorecían el intercambio de experiencias y tecnologías; además, mientras eran construidas, generaron actividades artísticas, esas que llegaron a nuestros días en forma de “tradición”.
Lo cierto es que las pirámides de Egipto tienen una antigüedad estimada en más de cuatro mil años, siendo la maravilla más añeja y la única que se conserva. En sus años de apogeo, fueron las tumbas de los faraones egipcios, cuyos cuerpos momificados se rodeaban de tesoros y objetos personales.
Erguidas sobre la arena del desierto egipcio, las pirámides son un monumento que guarda en sus entrañas secretos trascendentales muy estrechamente relacionados con su estructura.
Con respecto al país, en Egipto no hay montañas, salvo la península del Sinaí, donde el monte Katerina alcanza los 2637 metros de altura y en la costa del mar Rojo, con el monte Yebel Oda de 2259 metros.
El Río Nilo cruza Egipto de sur a norte y desemboca en el Mar Mediterráneo. Es la principal fuente de riqueza del país, la que ha permitido el desarrollo de imperios, culturas y civilizaciones a lo largo de su historia. Es además, con sus casi 6700 kilómetros de longitud, el río más largo del mundo.
El clima es desértico en la mayor parte del país y de tipo mediterráneo en el norte costero.
Fuente: Teleaire.com




