No son pocas las voces que alertan sobre los riesgos de viajar a Zimbabue, un país, que hasta hace poco tenía entre sus principales fuentes de ingreso al turismo. La realidad económica, entre el “sin rumbo” de la economía en ruinas a causa de la hiperinflación, y una epidemia de cólera, tiene como efecto colateral (y menos dramático si se quiere) el deterioro urbanístico de una ciudad que supo ser una de las más bellas capitales de África.
Imagen 2EOMCA
Harare es la capital de Zimbabue, y fue hasta hace unos años, una urbe orgullosa de sí. Harare es la ciudad más grande de Zimbabue, y el centro administrativo, comercial y de comunicaciones del país, con numerosos edificios gubernamentales. Sus calles arboladas, famosas por sus temporadas de flores, y su centro urbano, se destacaban por su cuidado aspecto. En algunas de sus avenidas, como la avenida Montagu, es notable la frondosa vegetación a sus costados, con árboles como el jacarandá, al igual que muchas zonas de la ciudad. La floración de la arboleda con una explosión de colores en septiembre es un rango distintivo de una ciudad de gran belleza.
Pero todo cambió especialmente durante los últimos años. Son pocas las cosas que no se han deteriorado en Zimbabue y en su capital, Harare: el sistema público de transporte, fue prácticamente obligado a desaparecer bajo la inoperancia, dando lugar a una proliferación de empresas privadas y muchas veces con pocos controles. En la ciudad funciona un sistema de Taxis de emergencia.
Pero entre los efectos a simple vista más notables del desastre (siempre hablando en cuanto a las cuestiones urbanísticas, y no humanitarias) está la ineficacia e inexistencia de los servicios esenciales como la recogida de basura, o la reparación de calles, algo que algunos periodistas del mundo no dudaron de calificar como un desastre y un basural a cielo abierto.
Aunque pueda sonar exagerado, lo cierto es que la decadencia de la ciudad es evidente. La imagen es la de una bella ciudad venida a menos, bajo los efectos de una economía en ruinas. Son algunos de los efectos de uno de los gobiernos que está en la mira de casi todos los organismos humanitarios internacionales, y no precisamente por sus virtudes.



