Si hay dos elementos de la arquitectura del Antiguo Egipto que todos relacionamos con la época más esplendorosa de los faraones, éstos son las pirámides por un lado y los obeliscos por otro.
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En cuanto a las pirámides, poco queda por decir, ya que por decirse se ha dicho hasta que no las construyeron humanos, sino extraterrestres, y lo cierto es que cuando te plantas ante una de la ellas, la primera idea que te viene a la cabeza es que es casi imposible que hombres de la Antigüedad, con escasos medio materiales fueran capaces de construir semejantes obras.
En lo referente a los obeliscos, varias curiosidades. Hoy en día, identificamos los obeliscos con unas formas extraordinariamente regulares, una especie de pilar que se va estrechando con la altura, hasta acabar en punta. Sin embargo, se piensa que en origen los obeliscos no tendrían esas formas tan escuadradas, sino que se trataría de largas piedras de forma vertical.
Otra curiosidad, lo más común era que los obeliscos se levantaran por parejas en la entrada de recintos sagrados o espacios públicos. Por contra, en la actualidad siempre nos los encontramos sólos, en una única unidad.
Y por último, para ver algunos de los obeliscos mejor conservados no hace falta visitar Egipto. Basta con ir a París a la Plaza de la Concordia y allí se eleva un obelisco traído desde Luxor. También podemos ir a Londres para ver el obelisco de Cleopatra, o pasearnos por las plazas del Popolo o de la República en Roma. Y además, podremos encontrar obeliscos del Egipto faraónico en el Hipódromo de Estambul o en Central Park en Nueva York.




