Ngorongoro, el cráter del edén en Tanzania
Algunos naturalistas que tuvieron la oportunidad de conocer el cráter de Ngorongoro, en Tanzania, afirman que podría catalogarse como la octava maravilla del mundo: con un diámetro aproximado de unos 20 kilómetros, las paredes de una de las mayores calderas de derrumbe del mundo encierra en su interior un paraíso poblado por miles de animales salvajes de las especies más representativas de África.

El cráter de Ngorongoro, de origen volcánico, está situado en Tanzania, muy cerca del Parque Nacional de Serengeti, del cual se independizó administrativamente. A unos 2.200 metros de altura sobre el nivel del mar, abarca una superficie de unos 300 kilómetros cuadrados. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y Parque Nacional, el cráter Ngorongoro permanece relativamente aislado por una pared de unos 600 metros de altura que limita el interior del cráter, el descenso a su micromundo supone una aventura para descubrir una planicie capaz de albergar un lago, sabanas de pastoreo, salinas, y sobre todo, miles de animales de distintas especies que conviven en un ecosistema único capaz de emular al edén.


Imágenes 1. Sara y Joachim / 2. Cris Pierri
Todo en el cráter de Ngorongoro parece pertenecer a otro ambiente, desde el clima, que en el interior es más cálido a diferencia del entorno, hasta la nubosidad de la mañana, que parece despertar desde el interior del cráter como una niebla que se eleva al cielo. La fauna del cráter, incluye desde manadas de elefantes, cebras, búfalos, leones, ñus, y gacelas, hasta flamencos en el lago de alta salinidad. Un recorrido en vehículos de excursión con guias especializados nos brindará una de las mejores oportunidades para tomar fotografías en pleno safari.
La banda sonora del lugar, será un verdadero concierto de cientos de animales salvajes.

Imagen Advencap
Con suerte, durante el recorrido, podremos visitar algunos de los ejemplares de rinoceronte negro, una especie en vias de extinción a causa de la caza furtiva para comercializar sus cuernos. Durante el recorrido, los guías no permiten bajar de los vehículos por seguridad.
En cuanto a la observación de aves, además de los flamencos podremos cruzarnos con avestruces, garzas, avutardas de kori, grulla coronada y diversidad de especies únicas en la zona.
En la zona del cráter de Ngorongoro, habitan también los masai, quienes curiosamente, ingresan al cráter para llevar a pastar su ganado sin siquiera llamar la atención entre los animales salvajes.
El cráter de Ngorongoro, un pequeño edén, es uno de los últimos paraísos en estado puro, capaces de deslumbrar por su espectacularidad natural, esos lugares de los tantos que afortunadamente, perduran y preservan la esencia de África.
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